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Principales patologías que afectan la Salud Intestinal de Pollos de Engorde


 

Los avances logrados en la selección genética en los últimos años han sido fundamentales para el aumento de la productividad del sector avícola. Muchos resultados fueron alcanzados por la biotecnología, desde la mejora de la conversión alimenticia y ganancia de peso hasta el aumento del peso relativo del músculo de la pechuga (SCHMIDT et al., 2009).
 

Sin embargo, la selección entre las líneas modernas de aves que tienen como objetivo el aumento de la producción de carne ha afectado indirectamente el crecimiento relativo de los órganos, en comparación con las líneas más antiguas. De esta forma, la estructura sufrió modificaciones importantes, como el aumento de la densidad y del área absortiva del intestino (CROOM et al., 1999).
 

El intestino tiene como funciones principales la absorción de nutrientes y la defensa inmunológica, ya que el tejido linfoide asociado al intestino (GALT) es un componente vital de los mecanismos de defensa del organismo. El intestino funciona como una barrera física entre el ambiente interno y externo, además de actuar como una barrera inmunológica capaz de diferenciar los antígenos de patógenos, antígenos de microorganismos comensales y nutrientes (RUTH et al., 2013).
 

Para que el ave exprese todo su potencial genético, es fundamental que el intestino esté sano y funcione adecuadamente. Cualquier cambio en el funcionamiento normal de este órgano resulta en enfermedades, menor digestibilidad y reducción del desempeño en general (PORTER-JR, 1998).
 

Sin embargo, la etiología de las enfermedades entéricas es compleja y puede incluir virus, bacterias, protozoos y otros agentes infecciosos (SAIF et al., 2008). Es fundamental conocer a fondo los posibles agentes causantes de los trastornos gastrointestinales en aves para saber cómo prevenirlos y cómo combatirlos una vez que aparecen.
 

Ante lo expuesto anteriormente, se realizó una revisión sobre los principales patógenos que afectan el sistema digestivo, resaltando la importancia de mantener una microbiota equilibrada en las aves de producción.
 

MICROORGANISMOS ENTÉRICOS CAUSADORES DE ENFERMEDADES

Según LODDI (2001), sólo el 10% de la microbiota intestinal es compuesta por bacterias nocivas a las aves. Las infecciones entéricas pueden ser causadas por bacterias, virus, protozoos y hongos productores de micotoxinas (TAMEHIRO et al., 2009).
 

Tales infecciones ocurren debido al desequilibrio de la microbiota intestinal beneficiosa, el cual favorece el desarrollo de microorganimos nocivos, causando daños en la salud intestinal y la salud general del ave (MAIORKA, 2004).
 

Virus

Algunos virus pueden causar infecciones en el tracto gastrointestinal de las aves, tales como el rotavirus, coronavirus, adenovirus, enterovirus, astrovirus y reovirus. En general, los virus causan daños en los enterocitos, lo que provoca diarrea y contenido intestinal acuoso.
 

La mayor parte de las infecciones virales entéricas ocurre en las primeras tres semanas de vida. Los signos clínicos y las lesiones inducidas por diferentes virus son similares, lo que hace difícil identificar el agente causante a través de un diagnóstico clínico (SAIF et al., 2008).
 

Sin embargo, los virus entéricos no se mantienen por mucho tiempo en el organismo y generalmente son la causa de la mayoría de los desafíos primarios de aves jóvenes. La enteritis inducida por virus potencia la proliferación de otros agentes infecciosos, principalmente las bacterias, por dañar los enterocitos y promover la presencia de alimento no digerido en el tracto gastrointestinal (GUY, 2006).
 

El paramixovirus aviar del tipo 1, que es el agente causante de la Enfermedad de Newcastle, presenta diferentes formas clínicas que varían en función de la virulencia, patotipo y tropismo del virus. En la forma viscerotrópica, las lesiones se caracterizan por la presencia de ulceraciones y hemorragia en la mucosa del proventrículo e intestinos. En la mayoría de los casos, se produce diarrea verde brillante o sanguinolenta (SANTOS et al., 2009; SAIF et al., 2008).
 

Los virus del género Influenza causan la influenza aviar y tienen formas clínicas variables en función de su patogenicidad (SANTOS et al., 2009). Las lesiones del tracto digestivo causadas por esta patología se presentan en forma de hemorragias asociadas con los tejidos linfoides, incluidas la unión esofágica-proventricular, las placas de Peyer del intestino delgado y las tonsilas cecales (PERKINS y SWAYNE, 2001).
 

Bacterias
 

Enteritis necrótica

Esta enfermedad es causada por Clostridium perfringens, que son bacterias anaerobias Gram positivas, móviles y formadoras de esporas resistentes al medio ambiente. Estas bacterias producen toxinas que causan la enfermedad, que se considera la enfermedad entérica más agresiva para las aves (PARISH, 1961).
 

La bacteria Clostridium perfringens se clasifica en cinco tipos (A, B, C, D y E) y produce varias toxinas que varían en función del grado de toxicidad y de la letalidad. Las principales toxinas producidas por esta bacteria incluyen la alfa, beta, épsilon e iota (PETIT, 1999). Los tipos toxigénicos A y C son los más prevalentes. Entre las toxinas, las que son más importantes en lo que se refiere a la enteritis necrótica son la alfa y la beta (YOO et al., 1997; GOMES, 2007).
 

Estas bacterias habitan naturalmente en el ciego y el intestino grueso de las aves, por lo que la presencia de Clostridium no está directamente correlacionada con la incidencia de enteritis necrótica. La enfermedad se ve influenciada por factores como la coinfección por Eimeria, el pH intestinal y una dieta con altos niveles de polisacáridos no digeribles y almidón no soluble en el agua (SMITH y BEAL, 2008). Además de estos factores, la ingestión de pienso con altos niveles del patógeno puede correlacionarse con brotes de enteritis necrótica (BERCHIERI JUNIOR y MACARI, 2000).
 

Las lesiones características de la enteritis necrótica se producen principalmente por la toxina alfa, que provoca la lisis de la membrana celular de los enterocitos (THOMPSON et al., 2006).
 

Las exotoxinas de C. perfringens causan lesiones gastrointestinales y alcanzan el torrente sanguíneo, lo que resulta en lesiones en el hígado y otros órganos. En las lesiones macroscópicas causadas por C. perfringens, el segmento del intestino delgado se vuelve delgado, friable y distendido debido a la formación de gases, y la capa de moco presenta un color amarillo verdoso con sangrados raros. Las lesiones se encuentran principalmente en las porciones del yeyuno y del íleon (COOPER y SONGER, 2009).
 

Salmonella

La salmonelosis aviar es una enfermedad causada por bacterias del género Salmonella. Estas bacterias infectan a las aves y pueden causar tres enfermedades distintas: la pulorosis, cuyo agente etiológico es la Salmonella Pullorum, la tifosis aviar, causada por Salmonella Gallinarum, y la paratifosis aviar, causada por cualquier otra salmonella que no la S. Pullorum y la S. Gallinarum (RODRIGUES, 2005). Las salmonellas que son adaptadas al huésped, como S. Pullorum y S. Gallinarum, son altamente virulentas y patógenas en pollos de engorde (BARROW et al., 1994).
 

El género Salmonella forma parte de la familia Enterobacteriaceae y está compuesto por bacilos Gram negativos no formadores de esporas (BARROW, 2000), aerobios o anaerobios facultativos. En su mayoría son móviles y poseen flagelos, excepto S. Gallinarum y S. Pullorum que son inmóviles (BERCHIERI JÚNIOR y OLIVEIRA, 2007).
 

La penetración desde el intestino hacia el sistema reticuloendotelial es un proceso que incluye varias etapas: supervivencia en el intestino, adhesión, invasión y translocación al bazo (BARROW et al., 1994). Las bacterias invaden los macrófagos y probablemente las células dendríticas, y son transportadas al bazo e hígado, donde ocurre la replicación (CHAPPELL et al., 2009). Las salmonellas persisten por más tiempo en el ciego que en otras partes del intestino. Esta preferencia de la bacteria por el ciego está relacionada con el flujo más lento de contenido en esta región, lo que permite una mayor multiplicación y persistencia de los microorganismos (BARROW et al., 1988).
 

Pulorosis

Las aves jóvenes son más susceptibles a la pulorosis (BERCHIERI JÚNIOR y FREITAS NETO, 2009) y las aves enfermas presentan síntomas como apatía, dificultad respiratoria, plumas erizadas, pérdida de apetito, heces blanquecinas adheridas a la cloaca y retardo del crecimiento. La mayor tasa de letalidad de la pulorosis se observa en aves de 2 a 3 semanas de edad (WIGLEY et al., 2005).
 

Los brotes en aves adultas comienzan con la reducción del consumo de pienso, plumas erizadas y cresta pálida y retraída. La infección por S. Pullorum provoca una disminución de la puesta y una reducción del 2% al 18% en la fertilidad y eclodibilidad (LANA, 2000). La susceptibilidad aumenta durante el pico de puesta (WIGLEY et al., 2005), pero la menor producción de huevos y menor eclodibilidad pueden ser los únicos signos de la presencia de S. Pullorum. La transmisión transovárica resulta en la infección de los huevos y pollitos nacidos, así como de las aves jóvenes, por lo que esta es una de las vías de transmisión más importantes de esta enfermedad (OIE, 2012).
 

Tifosis aviar

La bacteria S. Gallinarum es altamente patógenas para aves de cualquier edad y es más frecuente en aves adultas. La enfermedad puede confundirse con pulorosis en las aves jóvenes (OIE, 2012; BERCHIERI JÚNIOR y FREITAS NETO, 2012). Esta bacteria causa una enfermedad sistémica aguda o crónica en las aves domésticas, con tasas de mortalidad moderadas a altas (SOARES, 2015).
 

Las aves con tifosis aviar presentan prostración, somnolencia, pérdida de apetito, diarrea marrón adherida a las plumas y cloaca, reducción de la puesta y mortalidad de hasta el 80% del lote en algunas aves adultas en producción. En la necropsia, es posible observar el hígado de color marrón verdoso y casi siempre agrandado. Pueden observarse puntos blancos amarillentos en su superficie que se profundizan en el parénquima. Estas lesiones se reproducen en el bazo. El ovario puede presentar alteraciones que incluyen la presencia de yemas marchitas, licuadas, hemorrágicas y deshechas. También se observan nódulos en el músculo cardíaco y peritoneo (SHIVAPRASAD y BARROW, 2008).
 

Paratifosis aviar

Las salmonellas paratíficas causan enfermedades de interés para la salud animal y salud pública (NASCIMENTO et al., 1997). Estas bacterias permanecen en el tracto intestinal de las aves, lo que las convierte en posibles fuentes de infección alimentaria en humanos a través de los productos de origen animal (BERCHIERI JÚNIOR y FERNANDES, 1993). S. enteritidis y S. typhimurium son las especies más invasivas y causan infecciones septicémicas que contaminan varios órganos (HERMANN, 2012).
 

La mayor ocurrencia de paratifosis aviar se observa en aves jóvenes (HIRSH y ZEE, 1999), pero la enfermedad puede también afectar las aves adultas, sobre todo luego de situaciones de estrés como la muda forzada. Esta enfermedad puede causar la muerta rápida de aves recién nacidas. En aves con más de 14 días de edad, los signos no son muy evidentes, pero se puede observar mortalidad o retardo del crecimiento. En casos graves, puede confundirse con pulorosis. Entre los principales signos en pollitos se encuentran la somnolencia, deshidratación, plumas erizadas, alas caídas, amontonamiento y diarrea. En aves adultas, los signos incluyen la pérdida de apetito, postura anormal y diarrea (BERCHIERI JUNIOR y MACARI, 2000).
 

Escherichiacoli

La Escherichiacoli es una bacteria Gram negativa con forma de bastoncillo, no formadora de esporas, móvil (por flagelos) o inmóvil (MOREIRA, 2007). Estas bacterias están presentes en el tracto gastrointestinal de los animales y forman parte de la microbiota normal del tracto intestinal de humanos y de una variedad de animales (KASNOWSKI, 2004). Sin embargo, las cepas de E.coli que son patógenas para aves (APEC) causan varios procesos patológicos (MELLATA et al., 2003).
 

Las infecciones causadas por E. coli se denominan colibacilosis y pueden presentarse en forma localizada o sistémica, esta última donde la bacteria puede estar relacionada con el agente infeccioso primario o secundario (SAIF et al., 2008). En general, la enfermedad sistémica empieza con una infección del tracto respiratorio y evoluciona para septicemia, donde ocurre la colonización de los órganos internos como corazón, hígado y bazo (MOULIN-SCHOULEUR et al., 2007). Para muchos investigadores, la infección del intestino por E. coli no es común, ya que las infecciones más notables son extraintestinales (CHRISTENSEN et al., 2006).
 

En el caso de la septicemia, la entrada en el torrente sanguíneo, la supervivencia y multiplicación en la sangre y en los órganos son etapas esenciales para el desarrollo de la enfermedad en aves. En aves, luego de invadir la circulación esta bacteria provoca lesiones en múltiples órganos con cuadros de aerosaculitis, perihepatitis, pericarditis, salpingitis, onfalitis, celulitis, síndrome de la cabeza hinchada, panoftalmitis, artritis, problemas respiratorios graves y hasta la muerte (LAMARCHE et al., 2005). 
 

Pasteurellamultocida

La cólera aviar, que también se conoce como pasteurelosis, es una enfermedad infecciosa que afecta la mayoría de las especies avícolas y se manifiesta como una enfermedad septicémica. Su agente etiológico es la bacteria Pasteurella multocida, que generalmente causa altos índices de morbilidad y mortalidad en aves.
 

Los síntomas presentados por las aves incluyen fiebre, somnolencia, caminar vacilante, plumas erizadas, pérdida de apetito, descarga mucosa por la cavidad oral, congestión o cianosis de la cresta y barbillas, diarrea inicialmente profusa y después acuosa, de color blanquecino y a veces con moco o sangre. La enfermedad puede progresar hasta la muerte, lo que puede ocurrir sin signos clínicos o precedida por una crisis convulsiva (PORTER-JR, 1998).
 

Parásitos
 

Eimeria

Entre los parásitos que afectan el intestino están los protozoos del género Eimeria, que son los más importantes para la industria avícola (SMITH y BEAL, 2008).
 

La coccidiosis aviar es causada por parásitos del género Eimeria, los cuales causan una enfermedad entérica que se traduce en pérdidas económicas a lo largo de la cadena productiva de aves. Las principales especies de Eimeria que causan coccidiosis en aves son E. acervulinaE. maximaE. necatrixE. tenella y E. brunetti.
 

La infección por Eimeria causa la modificación de la estructura de las vellosidades intestinales, lo que provoca la reducción de su altura y, por consiguiente, disminuye la capacidad de absorción. A menudo se observa la destrucción de las células epiteliales del intestino, lo que impide la renovación de las vellosidades y conduce a una pérdida de fluidos, hemorragia y susceptibilidad a otras enfermedades (KAWAZOE, 2000).
 

Además, la infección por este parásito es autolimitante y según el ciclo las aves producen una respuesta inmunológica que sólo será efectiva en una segunda infección (KAWAZOE, 2000).
 

Los signos clínicos de coccidiosis varían según las especies de coccidios que participan en la infección. Algunas especies patógenas causan diarrea con moco o sangre, deshidratación, plumas erizadas, anemia, despigmentación de la piel y prostración, entre otros signos (ALLEN y FETTERER, 2002).


CONCLUSIÓN

La microbiota intestinal desempeña un papel fundamental en la garantía de la salud general de las aves, ya que evita la colonización por microorganismos patógenos que pueden causar lesiones en el intestino, alcanzar el torrente sanguíneo y comprometer otros órganos. Por lo tanto, actualmente se utilizan algunos productos como probióticos, prebióticos y simbióticos para asegurar una colonización rápida y eficiente del intestino de las aves, evitando así la colonización por patógenos, además de garantizar la máxima productividad.


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